martes, 8 de agosto de 2017

Lucas 21, 34-37 
34 »Tengan cuidado y no dejen que sus corazones se hagan insensibles por los vicios, las borracheras y las preocupaciones de esta vida, para que aquel día no caiga de pronto sobre ustedes 35 como una trampa. Porque vendrá sobre todos los habitantes de la tierra. 36 Estén ustedes preparados, orando en todo tiempo, para que puedan escapar de todas estas cosas que van a suceder y para que puedan presentarse delante del Hijo del hombre.
37 Jesús enseñaba de día en el templo, y de noche se quedaba en el monte que se llama de los Olivos. 38 Y toda la gente iba temprano al templo a oírlo.
“Y clamó Asa a Jehová, su Dios, y dijo: Jehová, para Ti no hay diferencia alguna en dar ayuda al poderoso o al que no tiene fuerzas. Ayúdanos, Jehová, Dios nuestro, porque en Ti nos apoyamos y en tu nombre marcharemos contra este ejército.” 2 Crónicas 14:11
Diferencia
Las batallas de la antigüedad siempre fueron terribles. Se ganaba la pelea por aplastamiento. El ejército que más soldados tenía era generalmente el que vencía.  Era tan simple como eso. La vida de un soldado no valía nada.
El pueblo de Israel estaba en un problema muy serio. Un ejército etíope de un millón de soldados avanzaba para atacarlos, y ya estaban muy cerca.
El rey Asa convoca a todas sus tropas y junta quinientos ochenta mil hombres. Apenas la mitad del ejército enemigo. Era una pelea sin esperanzas, no había manera de vencer. Ninguna táctica militar podría lograr una victoria para Israel.
No había aliados a quien llamar, no había manera de conseguir mejores armas, no había chance para lograr un tratado de paz. Solo se podía pelear y perder.
La situación era totalmente desesperante pero en medio de tanta crisis, es sorprendente ver a Asa tranquilo y confiado. En lugar de exasperarse y contagiar el pánico, Asa es un ejemplo de paz. Sus palabras nos dan el secreto de su estado de ánimo. Él confiaba en Dios. Sabía que Dios podía hacer la diferencia. No importaba que el enemigo tenga el doble o el triple de soldados, ni que estuviera solo y sin aliados. Asa sabía que Dios haría la diferencia.
Ora a Dios confiando en su misericordia, y Dios obra destrozando el ejército enemigo, e Israel cosecha una gran victoria, sin pelear. Dios había hecho el milagro de destruir al enemigo.
Puede ser que hoy estés pasando por un momento feo, o que te sientas solo y triste. Quizá no encontrás salida, no hay opciones, el problema parece demasiado grande y no tiene solución, y todo parece muy gris. No te olvides del ejemplo de Asa. Él entregó el problema en las manos todopoderosas de Dios, y confió que Su Solución, que iba a ser la mejor. Dios siempre responde.
No te desalientes, ni te desanimes. Aún en medio del peor de los problemas, Dios puede darte paz. Solo tenés que orar para conseguirlo.
REFLEXIÓN – Dios hace la diferencia.